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No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

sábado, 29 de septiembre de 2012

En carnavales de señales no verbales, fue descubriendo el lenguaje del inconsciente, en busca de alguien que lo pueda ver a través del follaje.
Interpretó modestos gestos que en sí mismo vio y comprendió el mensaje. Vacuna para incongruentes, se paró y gritó: ¡Bendito aprendizaje! Y, de pronto, sintió que se le inflaba el pecho, vertiginosa sensación.
Entre ilusiones y comparaciones, enjuició toda una vida entera. Y hoy ve cómo un juicio que antes servía, hoy no sirvió. Ayer sí, hoy cualquiera. Pero ahora ¿cómo se hace, cómo saco esto de acá? ¿Cómo empiezo de nuevo? ¿Cómo perdono? ¿Cómo me perdono a mí, además? ¿Cómo disfruto el juego? Y, de pronto, sintió un nudo en la garganta y, sin embargo, disfrutó. Él le llamó aceptación a ese llanto sin consuelo y, desde ahí, transformó la rigidez del miedo cruel y paralizador en impulso motor.
Fue en busca de su esencia una y mil veces, y encontró que esta siempre mutaba de forma, espacios, tiempos; todo acorde a la emoción del momento en que estaba.
Focalizó tanto en ahora que temió perder completa la memoria.
Fue, entonces, que se hizo conciencia y creyó comprender: Mi esencia no es mi historia, ¡no! Y, de pronto, sintió muy livianos los hombros y rumbo al cielo se cayó. Él le llamó plenitud a esa risa en carcajada y, desde ahí, la virtud de vivir libre o nada, creció.

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