La madrugada de un 26 de julio me agarró en la casa de una amiga, tomando vino en caja con Sprite y Jager prolijamente servido (muy inclusión social todo). Nunca me gustó salir y mostrar demasiado, pero vaya uno a saber porqué, esa noche aparentemente me puse de acuerdo en elegir lo más corto que tuviera en mi ropero para ir al antro más cercano.
Me acuerdo que antes de salir, pensé que estaba en mi mejor momento, que hacía tiempo no me sentía así: Feliz, sin vueltas. Sin peros. Totalmente en paz. Estaba todo muy normal en mi vida en general, pero de lo que más recuerdo haberme jactado esa noche y para mis adentros, fue de no estar sintiendo nada por ningún pibe, de no estar pendiente de nadie y sentirme libre en serio; de estar soltera hasta en los pensamientos. Nos sacamos un par de fotos y me sentí linda, así que a esa actitud zen, sumémosle el ego inflado por las nubes...
Como pasa casi siempre que una sale en grupo, alguien se pierde. Y no sé bien porqué, ni cómo, ni cuándo, pero sé que salí con esa actitud "Me como el mundo" agarrada de la mano y en un momento de la noche la perdí.
Con la diferencia de que a mis amigas tarde o temprano las encuentro, pero a esta todavía la sigo buscando.
Datos personales
- Lile
- No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.
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