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No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

miércoles, 17 de octubre de 2012

No me acuerdo el día, pero sé que fue uno de la semana pasada.
Fui a "trabajar" y me mandaron a depositar dinero a un Banco; creo que nunca antes había tenido tanta cantidad de billetes en mi morral, tenía ganas de salir corriendo y volarlos por el aire y ser feliz(?), pero no, fui a hacer mi diligencia con más nervios que alma en el cuerpo.
Resulta que llegué y había una cantidad considerable de gente, mi "jefe" ya me había dicho que iba a estar una eternidad ahí adentro, así que saqué número y, resignada, me senté al lado de un señor. Pensé "Genial. Ahora tengo más tiempo para meditar mis cagadas", porque esa semana fue una mierda, una literal, completa y olvidable mierda de domingo a domingo. Y lo peor es que fue por culpa mía y de nadie más; maldita costumbre de meter la pata, pero bueno, aprendí...
Cuestión que estaba en otra, rezongándome por haber sido tan gila y cosas de ese estilo, hasta que pasó frente a mí, con dirección hacia la calle, un flaco. Un flaco realmente lindo. Y no me refiero a lindo de babosa, sino que tenía algo. Parecía ser diferente a tanto igual que me cruzo a diario y esa es la mejor descripción de mi algo que puedo dar... O bien, de repente fue por sus ojos claros. Tengo una fuertísima y evidente debilidad por los hombres de ojos claros, más si son celestes, en serio que no puedo controlarlo... ni mucho menos quiero. Pero me flecho al toque.
Al rato, volvió a entrar y me percaté de que el hecho de que estuviera usando camisa y pantalón de vestir no era casual o porque estuviera haciendo trámites como yo, sino que trabajaba ahí, en el Banco. Era de mi edad o un poco menor que yo y ahí lo tenían de mascota; lo mandaban a hacer tal y tal cosa pero él parecía disfrutarlo y eso fue muy extraño; pasarla bien en un Banco es de lo más raro que vi, pero el pibe se entretenía.

A todo esto, a mí ya me habían llamado y ahora formaba parte de una fila, con el fin de depositar el dinero. Cuando miré hacia adelante, vi que había que dejar la plata en una máquina y nunca había hecho eso, así que entré en pánico. Como siempre que me pasan estas cosas, empecé a fijarme en lo que hacían los que estaban adelante de mí para, así, imitarlos. Vi que tenían sobres y yo nada, busqué dónde estaban, di con ellos, llené el mío y, de repente, empecé a leérlo y decía algo así como que sólo podía meter 40 billetes por sobre y yo tenía como 100. Pánico otra vez. Agarré dos más, los llené. Vi que todos estaban poniendo los datos en lo que sería la "cara" de los mismos y, de ahí, mi accionar digamos que fue un copy + paste del de los demás...

La fila avanzó y, para rematar mi gran imitación para con la masa de gente que estaba adelante mío, procedí a hacer lo que veía que hacían los que no tenían idea, como yo, de qué hacer al momento de estar frente a frente con esa máquina: Pedir ayuda. Soy caradurísima para estas cosas, o sea, siempre que necesito dar con algo y no sé cómo, ya sea un lugar, una calle específica, un trámite; o siempre que me veo entre la espada y la pared, no me importa ni me avergüenza comprometer a extraños, preguntarles, hablarles o algo similar, menos cuando su trabajo es ese mismo... El tema fue que, cuando el hombre que estaba antes que yo se dirigió a una chica pidiéndole ayuda, esta, por lo bajo, dijo que nosotros la estábamos volviendo loca preguntándole cosas constantemente, entonces me imaginé a mí, minutos más tarde, pidiéndole ayuda, a ella explicándome de mala gana. A mí, de nuevo, no entendiendo un carajo y haciendo que la máquina se trague "mi" dinero y pateándola hasta explotar.

Mi sorpresa vino cuando la chica en cuestión, al hacer su catarsis por lo bajo, llamó al chico del cual hablé: Felipe. Resulta que la chica, milagrosamente y antes de que yo pasara al frente, le encomendó a Felipe quedarse ahí por si acaso alguien venía con otra consulta.
Mi turno. Mi amor platónico número 745 de espaldas. Hola, disculpa, me ayudás con esto? La verdad, no entiendo nada. Su respuesta fue algo así como Con esta COSA, como burlándose de que para mí era algo extraño (gracias al Cielo). Ok, pensé, así que "Feli" es chistoso...
Creo que, en esos pocos minutos, aparte de enamorarme cerca de 5 veces, habremos metido mal el dedo unas 10. Fue ahí que confirmé que, realmente, la pasaba bien en su laburo, lo cual me pareció copado hasta que me dijo que iba a tratar de poner el número de cuenta sin que yo se lo dictara (porque por cada sobre, había que volver a poner los datos, así que a la tercera pensó que se lo sabía de memoria), y ahí temblé. Temblé porque se equivocó, pero la máquina fue más inteligente y saltó un cartel rojo que rezaba Error. Volví a temblar cuando vi que se había equivocado en el número de un sobre pero me aclaró todas las quejas(?). Le agradecí, me agradeció (ni idea porqué) y me fui.

No sé si fue simpatía de ayudante de Banco (tampoco sé si ese término existe) o si se esmeró un toque, la verdad no me interesa, "trabajo" a una cuadra de ahí y mi facultad está relativamente cerca, sólo espero que no se le dé por renunciar o tomarse licencia, y que yo le pegue al horario, pero digamos que va a ser casual que un día de sol yo aparezca con alguna duda bancaria... Tremendamente casual.

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