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No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Old habits die hard

Estos últimos días estuve pensando mucho en los momentos en los que, debido a una persona, nos vemos obligados a modificar algo que estaba instalado en nuestra vida; algo que nunca pensamos que llegaría el momento de cambiar.
Dicen que los viejos hábitos se arraigan, haciendo que uno no logre desprenderse fácilmente de ellos. Un claro ejemplo son las adicciones; según mi experiencia, un adicto niega todo el tiempo su condición, se acostumbra a vivir así y a que todo su entorno se vea obligado a adaptarse a él. Pero, a su vez, puede pasar que un día, uno de sus familiares realmente cercanos o un amigo le diga cosas que no quiera escuchar, llevándolo al cambio... Claramente hablo de un proceso, no de algo que se dé de la noche a la mañana.

Otro ejemplo, son las relaciones enfermizas. Que exista una, no necesariamente significa que las partes de ese vínculo estén mal de la cabeza por mantenerlo, pasa muchas veces que uno no sabe cómo salir de ese enredo, por las razones que sean; no es fácil. No obstante, las personas nos cansamos y el amor, por más profundo que sea, para mí ya no lo es todo; no es suficiente con amar, no basta. De repente, hay momentos en los que en una relación no hay más que obstáculos, y puede el amor no debilitarse, pero sí la voluntad. Y es normal que uno se agote de esperar algo que nunca vaya a darse, así como, también, se canse de las excusas, o de lo poco que lo valora la otra parte, de cuánto lo da por sentado y largar todo a la mierda, dejando al otro sin saber bien porqué, porque si de él o ella dependiera, esa relación seguiría años y años más. Basta con que uno abra los ojos para terminar con todo.

Y, por último, otro ejemplo son las malas costumbres. Muchas personas ven, en otras, cosas que nunca harían, ya sea hablar por las espaldas de otro o criticar demasiado, pero ninguna es capaz de encarar y decírselo a esa persona para que lo cambie o para darse cuenta de que no quiere a alguien así en su vida. Creo que, si lo que una persona hace te afecta directamente, tanto a vos como a alguien que querés, si la apreciás y notás que algo que hace no está bien, lo mejor es sincerarte. Es una chance que le das al otro de modificar algo para, así, dejar de ir por la vida hiriendo gente sin darse cuenta porque nadie se lo dice y, a su vez, es una oportunidad para que la relación entre ambos crezca y sea realmente honesta y sin un careteo innecesario. Me parece hasta tonto escribir esto porque son cosas que, creía, estaban claras para todos, pero hace tiempo me di cuenta que no. Hay gente que se llevó "Valores" a marzo, ponele...

A todos estos ejemplos los viví o vivo de muy cerca, capaz se me podrían haber ocurrido otros, pero estoy tratando de no hablar sobre temas que no me corresponden o que no viví en carne propia porque pocas cosas me joden tanto como que una persona crea que habla con propiedad sobre cosas que yo pasé y yo sentí, así que "No hagas lo que no te gusta que te hagan"...

Buena vida :)


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