Supongo que hay dolores que no se van a ir nunca. Esos dolores que se llevan en el alma, con los que se aprende a vivir. Antes eran una especie de mito para mí. Mi padre siempre fue alguien que le puso mucha garra a la vida; aún en las caídas más dolorosas, supo salir adelante. No obstante, de chica y por momentos, lo veía melancólico, extrañando o necesitando algo que ni yo, ni nadie de su entorno podíamos darle.
No lo entendí, en teoría, hasta que fui más grande y supe que ese "algo" era mucho más amplio de lo que yo creía. Y no lo entendí, en la práctica, hasta que me pasó. Perdí a un amigo, y ahí, recién ahí, pude entender que eso tan abarcativo sabe doler todos los días. Y duele hasta en los momentos de felicidad, porque falta el abrazo de ese alguien que no está y no va a estar más. Falta ese beso. Esa demostración de afecto, sea cual sea. Falta su presencia en sí... Ya pasó tanto tiempo que no me animo a sacar la cuenta, me parece una eternidad. El último día que lo vi, esa última mañana, parece que fue la de hoy y me niego a pensar que, a grandes rasgos, ya pasaron casi cuatro años y medio - sí, mi mente se me adelantó y sacó la cuenta por mí -. Y, la puta, cómo duele...
Daría tantas cosas por tenerlo un día más conmigo. Por abrazarlo y decirle cuánto lo amo y lo necesito. Por verlo. Por sentirlo cerca realmente... Me pasaba antes de estar en su cuarto o con sus cosas, y saber que estaba ahí; nunca más fui ni voy a hacerlo, pero antes no sabía qué hacer o no, no encontraba acomodo con tanto dolor acá adentro. Ahora, de a ratos, tampoco, pero es diferente. Ahora hasta puedo recordarlo sin llorar, lo cual es todo un logro. Puedo hablarle sin pedir explicaciones o enojarme. No sé si él está o quedo como una loca, pero es mi manera de llevarla y tanto me da; yo sé que me escucha, porque lo sé simplemente. Porque está acá adentro y lo llevo a todas partes. Lo siento cuando lloro por él. Cuando tengo la necesidad (como ahora) de decirle que lo amo con toda mi alma, y que siempre va a ser así. Cuando le pido que me ayude en determinadas ocasiones y lo hace. Cuando me siento sola. Cuando estoy tan feliz que me acuerdo de él porque quiero compartírselo... Lo siento en tantos momentos que por eso lo sé.
No quiero joderlo mucho ni ninguna de esas cosas, sólo... sólo necesito saber que no me va a dejar del todo, y que lo voy a seguir sintiendo así de cerca mientras viva, porque es algo que me ayuda muchísimo.
Hay tanta gente al pedo que me rodea y vos allá...
No me dejes sola, Lu.
Datos personales
- Lile
- No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario