La vida lo educó a los bastonazos y, a veces, la muerte también.
Tuvo como profesor a un diablo bien pirata, que le enseñó que la vida no siempre es ganar. Él lo aprendió, lo masticó y, por fin, supo llorar...
Y un bobo muerde el anzuelo, ese que le hace olvidar, con un dolor por consuelo, y cree que muerde caviar; pero este enano demente sabe que la papa está en no preguntar por el morfi, sino en comer y disfrutar.
La vida lo educó a los bastonazos y, a veces, la muerte también.
Tuvo como profesor a su ángel de la guarda, que le enseñó que un fracaso no siempre es perder. Él lo aprendió, lo masticó y, por fin, supo reír...
Y hoy el diablo y aquel ángel ven al pequeño saltamontes romper paredes con el bocho una vez más. Van a brindar por lo que fue su mayor creación de integridad.
(Esta canción no puede ser más perfecta. NO PUEDE).
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