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No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Si bien las puteadas están muy arraigadas a lo que es mi vocabulario de todos los días, de vez en cuando me pinte jugar a competencias de eructos con la amiga que tenga al lado, sea bruta como pocas personas, y esto va sin un poco de humor: Soy realmente bruta. Si bien a diario no soy la mina más femenina ni dulce, mi entorno no para de asociarme con la palabra Ternura.
Cuando no está la amiga que me dice Pimpolla(¡!) o Pichona o algún otro apodo totalmente meloso, como Chiqui o Bebu (*), está la que me recuerda anécdotas que yo conté de cuando era chiquita, y encima con una sonrisa y mirada de amor en los ojos, que me hace pensar que, si mis amigas me hubiesen conocido de pendeja, estarían enamoradas de mí a esta altura.
Más de una conoce gestos que ni yo tenía claros de mí misma y se los explica a las demás. El otro día, una de ellas pensó que yo la miraba con cara de culo y la otra le explicó "No, ella te estaba mirando bien. Esa era su cara de "Te estoy escuchando sorprendida"... Loco, es muy raro eso.

Cuando no se trata de mis amigas, está el pibe que se encariña conmigo a menos de un día de haberme conocido porque le causé eso: Ternura (según terceros). O sea, el flaco posiblemente se enganchó conmigo y no porque sea una mina infernal que parte el piso en dos o que tiene una personalidad envidiable, sino porque me debe haber asociado con un peluche gigante.

Y, por último, si no están estas personas, me encuentro con algo aún más fuerte: Mi familia.
Esta gente no entiende ni va a entender nunca que mi cuerpo NO es comestible, en serio. ¿A alguien más sus padres lo muerden? ¿¿Es, acaso, normal eso o tengo que denunciarlos?? Mi padre me muerde los brazos desde que tengo uso de razón, es como que los ve y no se aguanta, o me los aprieta o me los muerde. Mi vieja tiene amor por mis pies porque son chiquitos, ese es su justificativo; el mismo amor que sienten mis abuelos por mis cachetes...
Ambos (mis padres) me hablan como niños de vez en cuando. Mi hermano me apretuja toda, da de esos abrazos que te cambian una costilla de lugar. Todo esto siempre y cuando los agarre de buen humor, claro está, pero lo consentida que suelo ser no tiene nombre.
Debo estar haciendo las cosas bien (¡vamooo'!) porque recibo amor, no hay otra.

(*) El apodo que más me gusta es Wassa. Cuando vi este video, creo que pasé diciendo un mes entero los diálogos y de ahi quedó:




Fuera de joda, ASÍ, a este paso, no esperen que madure pero ni en pedo.

1 comentario:

  1. Me causó gracia tu entrada, está muy buena. Y quiero decirte que, tus viejos no son los únicos padres que muerden a sus hijos ni tus abuelos son los únicos que le aprietan los cachetes a su nieta. Mi viejo me apretaba los brazos y me mordía el hombro :| Jajaja, y a mi abuelo le encanta apretarme los cachetes. Ah! Y mi hermano también me da abrazos que me cambian las costillas de lugar cuando está de buen humor. Supongo que debe ser normal, no? Jajajaja
    Me encantan los videos de Annoying Orange, me río mucho.
    No sé que edad tenés, seguramente seas mayor que yo, pero yo tengo 17 y no tengo ningún tipo de interés en madurar :D Jajaja
    Espero que estés bien, te mando un beso :D

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