Se nos pierde la costumbre
de disfrutar los momentos que pasamos,
día a día, tarde a tarde, noche a noche... Tan ambiciosa como ansiosa puede tornarse la mente; tan reflexiva como influyente. Organiza, clasifica, ordena, sí,
pero a la vez limita.
Daño al daño,
también, las heridas más profundas
se vuelven superficiales,
ahí al fondo. No importa cuán hondo calen,
ni si sangran, ni si dejan cicatrices; ahí, al fondo de tu vida, todo da igual.
Cambiá fondo por adentro; es dentro tuyo que está el fondo de tu vida.
Sentite parte del todo, acomodate...
Vuestra impaciencia es la que embarra
todo el terreno de juego que no dejamos de pisar.
Lo único real del tiempo
es que pasa, como la vida misma, pasa.
No perdamos la costumbre de ir adentro nuestro cada tanto,
a ver qué tan felices somos. Ahí, al fondo, todo se conecta de algún modo; todo fluye, todo cambia, todo. No hay estándar de belleza, no hay diferencia que valga, no hay consumo, no manda la plata.
Y, si hemos caído bajo, probemos tocando fondo...
Datos personales
- Lile
- No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario