Desde que tengo uso de razón, las promesas en casa se hicieron para romperse. Una de las personas que más empeño tendría que haber puesto en cumplirlas, fue la que más le faltó el respeto a su propia palabra.
Promesas que abarcaron desde viajes y comprar cosas para la casa, hasta un cambio de vida que, como consecuencia, incluiría un gran impacto en la mía... pero nunca vi tal efecto porque ni siquiera lo primero fue llevado a cabo. Y, como suelo aprender rápido, dejé de ilusionarme en la promesa número 3; las demás fueron una especie de déjà vu de mal gusto, "una raya más al tigre"... Dejé de esperar. Dejé de imaginarme el día en el que se cumplieran. Dejé de exigir e insistir con la llegada de ese día y pasé hasta a tomármelo con humor... Grave error del momento.
Es muy probable que sea esa la razón por la cual no prometo y, a su vez, no confío en nadie que lo haga. Ni bien escucho "Te prometo que..." ya asumo que esa persona no va a cumplir.
No me prometo algo ni siquiera a mí misma, ni cosas que puedo lograr, ni sobre aspectos a cambiar de mi personalidad. Tengo metas y proyectos, pero suele pasarme que la mayoría de ellos representan algo así como la punta de un iceberg: Primero quiero hacer un curso de fotografía, pero es cuestión de carburarla un poco para imaginarme recorriendo el mundo, sacando fotos por todos lados. Lo mismo con ser abogada, esa es mi meta racional; la "alocada" es llegar a destacarme del montón (digo que es algo loco por la cantidad de abogados y estudiantes de Derecho que hay en sí). Me gustaría estudiar algo de locución y ya deliro con tener mi programa de radio. Tengo la meta a largo plazo de visitar el Partenón, es mi sueño de chica. Lo loco es que me encantaría vivir en Grecia un par de meses, o en otro lugar del mundo. Una vez que empiece a viajar por mi cuenta, "temo" no poder parar de hacerlo.
No soy estructurada, pero digamos que a cada proyecto o meta un tanto organizada que tengo, le sigue un sueño que me hace despegar los pies del suelo. Así como Macanudo representa a la imaginación en Olga, la mía vendría a estar representada en... un globo. Y ese globo me va a acompañar toda la vida, porque es lo único, en lo que va de mi existencia, que no cambió nunca. Esa inocencia que acompaña a mi imaginación, la misma que me permite soñar en grande, está intacta y no me la puede sacar nadie.
La cuestión es que la deliro todo el tiempo y, como consecuencia, no podría nunca establecerme a mí un período de tiempo para cumplir una meta, porque a todas, desde la más loca a la más coherente, de alguna u otra forma la voy a intentar alcanzar o mutará en una tan o más loca o coherente que la anterior.
Cuando entendí que de nada sirven las palabras más lindas si no van acompañadas de actos, esta idea de que las promesas nunca van a ser parte de mí, cobro más sentido todavía.
Encuentro desahogo en las palabras, creo que en esta página trato de dejarlo en claro, pero de nada me serviría si no llevara estas cosas que plasmo a la práctica.
Datos personales
- Lile
- No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

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