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No soy igual en lo que digo y escribo. Cambio, pero no cambio mucho. El color de las flores no es el mismo bajo el sol que cuando una nube pasa o cuando entra la noche y las flores son color de sombra. Pero, quien mira, ve bien que son las mismas flores, por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo, fijaros bien en mí: Si estaba vuelto para la derecha, me volví ahora para la izquierda, pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies. El mismo siempre, gracias al cielo y a la Tierra y a mis ojos y oídos atentos, y a mi clara sencillez de alma.

domingo, 23 de septiembre de 2012

A las niñas les enseñan muchas cosas: "Si un niño te pega, le gustas", "Nunca trates de emparejarte los flecos", y "Un día, conocerás a un hombre maravilloso y tendrás tu final feliz".
Cada película que vemos y cada historia que nos cuentan, nos implora que esperemos el giro del tercer acto: La declaración inesperada de amor. La excepción a la regla.
A veces nos concentramos tanto en el final feliz, que no aprendemos a interpretar las señales, a diferenciar entre los que nos quieren y los que no... Entre los que se van a quedar y se van a ir. Y, quizá, el final feliz no incluye un tipo maravilloso. Quizá, el final eres tú, sola, recogiendo los pedazos y volviendo a empezar. Liberándote para encontrar algo mejor en el futuro. Quizá, el final feliz sólo consiste en seguir. O, quizá, este es el final feliz: Saber que, a pesar de todas las llamadas y corazones rotos, a pesar de todos los errores y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y la vergüenza, tú nunca, nunca perdiste las esperanzas.

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