Valga la redundancia, tengo pésima memoria para las cosas relevantes o cotidianas; no me acuerdo con facilidad qué almorcé ayer pero sí con qué frase se acercó a mí a los cinco años la que después sería mi mejor amiga de la infancia. Sé el recorrido que hacía la camioneta que me llevaba de mi casa al colegio, en qué parte del salón me senté el primer día de facultad, cómo fui vestida... Y así sucesivamente con un millón de boludeces que, al parecer, para mi mente no lo fueron. Me acuerdo con exactitud lo que sentí en determinados momentos de mi vida que, cuando los viví, los pasé por alto pero que con el paso del tiempo quedaron "subrayados". Y el día que lo conocí fue uno.
Se acercó a mí como cualquier pibe de boliche (dícese de un flaco en pedo que saca la peor frase que tiene para chamuyar). Escuché que alguien me estaba hablando, me di vuelta y lo vi: Carilindo (los pibes con cara de pendejos me generan algo que bordea la pedofilia seguramente). Hablamos las estupideces que pueden hablar dos personas en pedo, bailamos, me pisó unas treinta veces. Acto seguido, me pidió que lo esperara afuera del baño, me encargó su ron con Coca y me dejó ahí. Mis intenciones eran buenas hasta que una amiga me encontró, le tomó el trago que yo le cuidaba y claramente nos fuimos a seguir dando vueltas.
Quién sabe cuánto rato pasó hasta que lo volví a tener en frente, mucho más borracho a como lo había dejado (me lo diría él después porque yo en ese momento no lo noté) pero con una sonrisa que me hizo olvidar hasta el nombre. Para ese entonces yo ya estaba en perfectas condiciones, una de mis amigas se había ido a su casa y la otra estaba con un
Creo que cada persona tiene su estilo de besar y es cuestión de "amoldarse" al otro o viceversa, pero me vuelve laaca encontrar flacos con los que al primer beso ya está bueno, cuando sé que hay química al menos para eso y en ese momento, porque puedo remarte casi cualquier situación, menos un mal beso. Siento que estoy rimando lo que digo con tanto ESO, así que espero que haya quedado clara mi idea porque no ahondaré más en ella.
Después del intercambio salival (!!!) y de que cerraran el boliche, nos quedamos los cuatro afuera: Mi amiga, el chico que había conocido, este flaco (a quien llamaremos M) y yo. Para ese entonces ya había rechazado innumerables propuestas de ir a su casa, hasta que me dijo de ir a su auto, que lo tenía estacionado a la vuelta del local, porque hacía mucho frío. Nuevamente le dije que no, pero no por histeriquear, sino porque el hecho de subirte al auto de un extraño es lo más parecido a un cartel en rojo que reza PELOTUDA, NO LO HAGAS.
Cansado de mis negativas, fue a buscar el auto y lo estacionó en frente a donde yo estaba con mi amiga y el otro flaco. Me insistió otro par de veces, alegando que no íbamos a hacer nada, que él dejaba las llaves sobre el tablero, así podía confiar en que no iba a irse a ningún lado conmigo adentro, entonces subí, porque la coherencia es lo mío. Hablamos un poco de la vida de cada uno, me contó que tenía un hermano más grande, que vivía con él pero que no se llevaban bien. Iba todo perfecto en resumidas palabras, hasta que notamos que mi amiga estaba parada al lado de su ventanilla y, una vez que M la bajó, nos dijo que se iba con el chico que había conocido. Creo que todo se dio muy rápido como para esperar una buena reacción de mi parte, así que solo atiné a mirar a mi amiga y decirle que yo me iba con ella... obviamente, tanto M como mi amiga, me miraron con cara de ¿Sos idiota o tus viejos son hermanos?. M le dijo que se quedara tranquila, que me iba a llevar a la puerta de mi casa.
Y así fue como agarró las llaves y arrancó. Y así fue como me encontraba yo con mi temor más grande hasta ese momento, materializado: Estar en un auto con un perfecto desconocido. Y así fue como empecé a darle indicaciones sobre qué camino tomar para llegar a mi casa y vi que no solo agarraba por calles totalmente distintas, sino que cada vez nos alejábamos más de mi destino. Y así fue como me empezaron a transpirar las manos y vi mi segundo miedo hasta ese momento, concretado: Estar en un auto con un perfecto desconocido, sin saber adónde mierda estaba yendo.